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Campo de Batalla: La Tierra (Pues sí, ésto SÍ que parece un polvorín) Lo del polvorín del título viene al caso de toda la cantidad de explosivas reacciones que se vierten desde cualquiera de los medios desde que se conoció la obcecación que tenía John Travolta por llevar al cine una de las novelas más conocidas de L. Ronald Hubbard, el creador de la Iglesia de la Cienciología: Battlefield: Earth (o sea: Campo de batalla: la Tierra). Tan cabezón se puso, que lo consiguió: la película es un hecho, pero los criticones continúan, y a Travolta aún no se le ha deshinchado la cabeza... La película de la discordia
Ciertamente, Battlefield: Earth, empezó con muy mal pie: no a todo el mundo que tiene un proyecto cinematográfico se le ponen tantos peros; pero claro, ésta iba a ser una película totalmente financiada con las cienciólogas arcas de ciertas personas muy cienciólogas (mucho cienciólogo hay por esta frase ¿no?), con lo cual desde el ciberespacio empezaron a gruñir, desde el correo normal a ladrar, y por las calles a aullar en contra del proyecto de Travolta. Yo no me pienso meter en la tesitura de decir qué religión lava más blanco porque... ¡¡¿¿Qué coñ... porras tiene que ver lo uno con lo otro??!! Al fin y al cabo Metrópolis de Fritz Lang es una película de ciencia-ficción con un par (de lo que queráis) pero sin embargo el guión era de Thea von Harbou, ex mujer de Lang y nazi hasta el tuétano (pero si es que nadie es perfecto: ella escribía como ya quisieran muchos, y sin embargo no era la clase de persona con la que te irías a una sinagoga). A estas alturas de la vida nadie discute que la calidad de Metrópolis no tenía nada que ver con la política o la religión, y aún no estamos como para criticar una película que no hemos visto. Si es increíblemente buena (oye, a lo mejor... que cosas más raras han pasado) o es mala de morirse, será porque realmente sea buena o mala, pero ponerse a criticar antes de verla... Como decía Mr. Morden en Babylon 5: "Cada cosa a su tiempo, Sr. Mollari, cada cosa a su tiempo..." Gigantes y Cabezudos (¿o eran cabezones?)
En un futuro no muy lejano, y más bien aquí mismo que en una galaxia muy, muy lejana, la Humanidad se ha visto reducida a una quincena de "cromañones" gracias a la inestimable colaboración de los Psyclos. Éstos, alienígenas altísimos, inteligentísimos, y con una mala leche impresionante (y encima le roban el peinado a Bob Marley), han decidido quedarse con todo el Universo. Son una raza mercantilista, que como son más inteligentes, se creen dioses y actúan como tales, manteniendo un expolio en todos los planetas conquistados equivalente al de las industrias madereras en el Amazonas. Pero un rayito de esperanza ilumina al diezmado género humano: Jonnie (Barry Pepper, recién salido de lo del Soldado Ryan; que viene a ser el equivalente del Charlton Heston ese del Planeta de los Micos; el único humano con dos dedos de frente en todo el "jodío" planeta) al que los Psyclos le han secuestrado a la novia (Sabine Karsenti, ilustre desconocida y candidata a "la que menos líneas de diálogo tiene", pobre). Al bueno de Jonnie (va en serio, es que le llaman Jonnie Goodboy, o como decimos aquí, "el bueno"...) le llevan al cuartel general de los malosos en la Tierra, en Denver, donde se convertirá en la pelotita de ping-pong política de un par de Psyclos todavía más malos, feos y trepas: Terl (Travolta mismito, que da un miedo...) y Ker (Forest Whitaker... ¿con esa cara de bueno? ¡Anda ya!). Bajo el ala protectora (si, si, ya, ya) de estos angelitos, Jonnie conseguirá un regalo inesperado: Sabiduría. Para utilizarle en un maléfico plan que no voy a contar por ser muy importante, Terl pondrá a Jonnie en una máquina que le conceda sabiduría, pero desde luego no va a usarla para lo que los Tip y Coll del espacio exterior quieren, sino para enseñar a los demás humanos cómo liberarse (¡Arrrgghh, no! ¡¡Otra vez Independence Day, no!!). Buenos buenísimos, villanos de opereta... Podría pecar de poco original, aparte de todos los otros pecados que le quieren colocar. Lo que deberíamos hacer es comprobar ante todo si Battlefield: Earth (que no lo había dicho hasta ahora, pero la dirige el director de la segunda unidad en La Amenaza Fantasma, Roger Christian; así que estáis avisados), es o no lo que esperamos de ella. Si no lo es, algunos nos hemos divertido en las películas más insultantes lanzando exabruptos a la pantalla (nada de quemar butacas ni nada violento, pero sí un sano y sarcástico pitorreo) Al fin y al cabo vamos al cine a divertirnos ¿no?.
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