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El Quinteto de la Muerte.

Luis F. Mayorgas

Que los villanos constituyen la salsa en una película de aventuras es algo más que sabido. Pero esa afirmación parece ser especialmente cierta en el universo de Star Wars. La prueba de ello es que, en la nueva invasión de merchandasing que está sirviendo de anticipo para la próxima trilogía, las imagenes de promoción que predominan son las de los imperiales y no las de los supuestos heroes: En unos grandes almacenes cualquiera es facil darnos de narices con una reproducción de Darth Vader en cartón anunciando los nuevos videos remasterizados de La Guerra de las Galaxias. En uno de los mejores juegos creados por LucasFilm, el Tie Fighter, de lo que se trata es de unirse a la Armada Imperial y barrer el espacio de rebeldes. Y eso son solo dos ejemplos . Así las cosas, parece apropiado dedicar un articulo a unos personajes que muchas veces han robado el estrellato a los protagonistas, y sin los que no podría concebirse la trilogía de George Lucas: Los cinco mejores villanos de Star Wars.

DARTH VADER : EL ANGEL CAIDO.

Darth VaderAl empezar un artículo dedicado a los tipos malos de la saga de las galaxias, resulta inevitable empezar por un personaje que no solo es el villano por excelencia de la trilogía, sino que quizás sea el personaje más complejo y más logrado de la misma. Probablemente George Lucas conocia esa vieja regla establecida por Alfred Hitchcock que afirma que cuanto mejor sea el malo de la película, mejor es la película, y optó por obrar en consecuencia.

Así, Lucas crea un personaje que infunde respeto al primer vistazo. Su imponente figura, enfundada de negro de arriba a abajo, culminada por un casco que evoca la imagen de una calavera, le convierten en una vivida imagen de la Muerte. Su capa le da un aire majestuoso, y su caminar firme y enérgico, combinado con su impresionante talla, le proporciona una apariencia de poderío físico. Apariencia que contrasta con el siniestro sonido que emite al respirar, revelador del auténtico estado en el que se encuentra su destrozado cuerpo. La voz grave y autoritaria de James Earl Jones da el toque final, componiendo un villano que llena la pantalla con su sola presencia. No es de extrañar que Lucas, sabedor de lo mucho que valía Vader, lo sacara a escena a los dos minutos del comienzo de La Guerra de las Galaxias, con la descarada intención de captar lo antes posible el interés del público.

Pero no se trata solo de su apariencia física, sino de su personalidad. En La Guerra..., Vader se nos muestra carente de sentimientos, sin el más mínimo atisbo de humanidad. Ni siquiera posee la malicia de otros villanos de la serie, como Jabba o el Emperador. Como dice Obi Wan Kenobi en algún momento de la saga, "es más máquina que hombre", y precisamente por eso, es incapaz de percibir al resto de seres humanos como personas. Cuando se dispone a torturar a la Princesa Leia en la Estrella de la Muerte, su tono de voz no indica más emoción que si fuera a dar martillazos a una silla. De igual forma, el resto de los rebeldes no son más para él que una plaga que hay que exterminar, sin que haya hacia ellos más animadversión que hacia las cucarachas (Algo que sí se presenta, por ejemplo, en Moff Tarkin). En suma, Vader está muerto emocionalmente. Es algo que queda remarcado visualmente por el hecho de que nunca se nos enseñe su auténtico rostro, que siempre queda oculto por su inexcrutable máscara.

Solo parece haber una motivación que dirija los actos de Vader en esta primera parte de la trilogía: El poder. Poder entendido como poder político, en la forma del tiránico gobierno del Imperio, y como poder personal, que se manifiesta en el control que ejerce sobre la Fuerza. No es de extrañar que, cuando el general Tagge comete la imprudencia de burlarse de la Fuerza en presencia de Vader, este declare que "su falta de fe resulta molesta"... mientras le aplica su patentado garrote vil a distancia en el gaznate. Pues claro que le resulta molesta. Para un Darth Vader con su humanidad destruida, completamente consumido por el Lado Oscuro, la Fuerza (y la posibilidad de ejercer el poder que ésta le da) constituye la única razón de su existencia.

Además de esto, Vader constituye una amenaza mucho más física para los rebeldes que otros imperiales, como el Emperador o Moff Tarkin, que se limitan a dar ordenes a su ejercito y a planificar su estrategia lejos de la acción. Vader, por el contrario, no vacila en arrojarse en medio del campo de batalla si es necesario, probando ser un adversario casi invencible, tanto en la lucha cuerpo a cuerpo (Ver su duelo con Obi Wan, y posteriormente su enfrentamiento con Luke) como pilotando un caza de combate (En la batalla de Yavin, destruye el sólo a un buen numero de naves rebeldes).

En resumen, en La Guerra..., Darth Vader se nos presenta como un villano excepcional, con un diseño visual estupendo y un caracter aterrador, aunque algo impersonal. Sin embargo, será en las posteriores entregas de la trilogía donde George Lucas se permita profundizar y hacer evolucionar al personaje mas allá del arquetipo de malo de la película, convirtiendolo en una figura trágica y en el personaje más interesante de toda la saga.

Así, en El Imperio Contraataca, se remarca el absoluto desprecio que siente por la vida de los demás, incluyendo a sus propios hombres. No vacila ni un momento en estrangular a uno de sus oficiales por cometer un error durante el asedio al planeta Hoth. Esto contribuye a resaltar el aura de terror que parece rodear a Vader. Podemos ver este miedo reflejado en los rostros de los militares imperiales cuando están en presencia de Vader. O en la expresión de angustia apenas disimulada del oficial responsable de la captura del Halcón Milenario cuando tiene que informar sobre su fracaso.

Pero, aparte de esto, lo importante como ha cambiado la naturaleza del peligro que representa Vader. Si en La Guerra..., Darth Vader era el enemigo militar de toda la Rebelión, en El Imperio... supone una amenaza dirigida en particular hacia los protagonistas de la saga, una amenaza que va más allá de la destrucción material: Vader tortura a Han, le congela en carbonita y le entrega a Jabba para que éste disponga de él como más le apetezca. No solo vence a Luke -de hecho le propina una monumental paliza- y le deja lisiado de por vida, sino que intenta que Luke sea atrapado por el Reverso Tenebroso de la Fuerza y le deja destrozado anímicamente cuando le revela que es su verdadero padre, en un giro argumental que dejó a todo el público con la mandibula colgando. Como vemos, Vader no solo ejerce un daño físico, sino mucho más personal.

Además, en El Imperio... se profundiza en la personalidad de Vader mucho más que en la primera parte de la trilogía. Por primera vez se nos enseña que el todopoderoso Darth Vader se ve obligado a humillarse ante el Emperador, y conocemos sus deseos de rebelarse contra él. Pero, sobre todo, se nos revela algo inimaginable hasta entonces: Su afecto por Luke. Es algo que se percibe cuando Vader contempla el abismo por el que acaba de saltar su hijo. O en el deje de tristeza que se percibe en su voz cuando murmura "Es tu destino, Luke" cuando cree estar a punto de capturarlo definitivamente. Será esta "debilidad", percibida por el propio Luke, la que permita su redención final en la última parte de la serie.

Llegamos pues a El Retorno del Jedi, donde se termina de perfilar el retrato del personaje. Así, conocemos su pasado trágico como heroe caido, y se remarca su sometimiento al Emperador. Pero, sobre todo, vemos por primera vez como la implacable determinación de Vader, que hasta entonces no había mostrado ningún tipo de vacilación acerca de sus actos, empieza a ser sustituida por un conflicto interno. Por más que se obstine en afirmar lo contrario, la incondicional fe de Luke en que aún le queden restos de humanidad hace que se resquebraje su armadura emocional y que empiece a debatirse en un mar de dudas.

Finalmente, la resolución de su dilema se decidirá cuando el Emperador torture salvajemente a Luke. El espectáculo de la agonía de su hijo libera por fin al hombre atrapado bajo la mascara, que sacrifica su vida para salvar a Luke en un acto totalmente desinteresado que permite su regreso al lado luminoso de la Fuerza. En relación a esto, resulta particularmente emotiva la escena en la que, tras permanecer durante toda la saga con el rostro oculto, Vader se quita por fin el casco, revelando que bajo la siniestra armadura solo había un viejo enfermo y cansado.

Se ha dicho que toda esta evolución del personaje, de asesino todopoderoso e implacable a villano arrepentido y redimido supone un reblandecimiento de Vader a lo largo de la trilogía. Bueno, puede que el villano se ablande. Pero soy de la opinión de que, a cambio, el personaje se engrandece, convirtiendose en el más atrayente de toda la saga.

EL EMPERADOR PALPATINE: LA CORRUPCION ENCARNADA.

sw_palpa.jpg (28027 bytes)El caso de este personaje es francamente curioso. A pesar de que es su intervención la que pone en marcha la cadena de acontecimientos que constituyen toda la trama de Star Wars (y, presumiblemente, de la futura nueva trilogía), el Emperador permanecerá casí todo el tiempo en las sombras. Apenas mencionado en La Guerra..., solo podremos echarle un rápido vistazo en El Imperio... , y no será hasta su eclosión en El Retorno... cuando se configure como el villano más maligno de toda la saga galáctica.

Un viejo tópico dice que el poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente. Es algo que se aplica como anillo al dedo al siniestro Emperador Palpatine. De hecho, la corrupción de Palpatine ya se ve apuntada visualmente desde su primera aparición por el deterioro de su propio cuerpo: Su figura encorvada, su cara cubierta de estrias, su voz cascada, su túnica oscura, tal vez ocultando un cuerpo deforme, todo ello conforma un físico reminiscente de los muertos vivientes de Romero, solo que con bastante más seso y mala idea.

El Emperador representa, sobre todo, una corrupción moral. Una corrupción que llegará a destruir un sistema político democrático de siglos de existencia. Así, ciego a todo excepto a su sed de poder, no dudará en intrigar y usar la ventaja que le proporciona el Lado Oscuro de la Fuerza para echar abajo las instituciones de la Antigua República y sustituirla por un régimen militar bajo su control. A este respecto, es interesante señalar que George Lucas afirma haberse inspirado en el ex-presidente de E.E.U.U., Richard Nixon, responsable del Watergate y de la prolongación de la intervención armada en Vietnam.

La vileza del Emperador también se manifiesta a un nivel personal: Disfruta corrompiendo a las personas, tanto más cuando más integra y honrada sea su víctima. En El Retorno... es evidente que se lo está pasando en grande mientras manipula las emociones de Luke para que mate a su padre e ingrese en el Lado Oscuro. En este sentido, es probable que mantenga a Vader permanentemente a su lado, a pesar de ser una amenaza en potencia para él, solo por la satisfacción que le proporciona recordar la destrucción del hombre bueno que fue Anakin Skywalker.

Además, ver juntos a Vader y al Emperador resalta el contraste existente entre los dos personajes. Como hemos dicho, Vader se comporta como una máquina sin emociones, programado para conseguir un objetivo, la instauración de "orden" en la Galaxia. Si ha de aplastar a la escoria rebelde o impartir "disciplina" a los hombres bajo su mando, lo hará. Sin el menor escrúpulo, pero sin el más mínimo disfrute. La personalidad del Emperador es completamente distinta: Le gusta hacer daño a la gente. Se burla cruelmente de Luke al ver su expresión de horror mientras le expone la trampa en la que ha caido la flota rebelde. Más tarde, cuando Luke se niega en redondo a ingresar en el Lado Oscuro, Palpatine no se limita a tratar de matarlo, sino que le tortura salvajemente durante largos minutos, en una de las secuencias más escalofriantes de toda la trilogía.

Además, como consecuencia de su abrumador control sobre la Fuerza, el Emperador exhibe un sentimiento de superioridad, un absoluto desprecio por las vidas de los demás seres. Ese desprecio no solo se manifiesta en su intención de imponer su "Nuevo Orden" a los habitantes de la galaxia, sino en su intensa xenofobia: Palpatine es racista hasta la médula. Es un matiz que no llega a afirmarse nunca de forma explicita en las películas, pero que no deja de estar presente: Todos los soldados y oficiales imperiales son exclúsivamente humanos (Mientras que, por el contrario, las fuerzas rebeldes son mucho más heterogeneas, incluyendo en sus filas a humanos, wookies, bothans, calamarianos o sullustans). En algunas novelas derivadas de la serie, se menciona también como razas como los wookies o los calamarianos han sido reducidas a la esclavitud por el Emperador.

Irónicamente, este sentimiento de superioridad provocará su derrota final. Al trazar su siniestro plan para atraer a la flota rebelde a una trampa sobre la luna de Endor, no tomará en consideración a una raza aparentemente tan insignificante como los ewoks. Despreciar este factor de su ecuación provocará el fracaso de la emboscada y la definitiva derrota de la armada imperial. Y de la misma forma, su arrogante seguridad en el absoluto control que ejerce sobre Vader, ignorandole por completo mientras lleva a cabo una espeluznante exhibición de sadismo sobre su hijo, causará su caida final... tanto en sentido figurado, como en uno bastante más literal, cuando Vader lo arroje por uno de los pozos energeticos de la segunda Estrella de la Muerte. Un merecido destino para uno de los personajes más odiosos que puedan recordarse en una película de ciencia ficción.

JABBA EL HUTT: EL MAFIOSO DEPRAVADO.

sw_jabba.jpg (85128 bytes)Si el Emperador Palpatine podía describirse con una sola palabra -corrupto-, este híbrido entre Vito Corleone y un sapo hiperdesarrollado puede definirse con otra: Repulsivo. Todo en esta criatura parece concebida para dar asco, empezando por su físico: Su descomunal obesidad -que apenas le permite moverse-, su figura a medio camino entre babosa y reptil, su piel verdosa y grasienta, sus ojos vidriosos, su hinchada lengua, su voz gutural... Sus habitos alimenticios no contribuyen demasiado a mejorar su imagen: En una escena de El Retorno... devora cruda lo que parece una rana viva con evidentes muestras de satisfacción.

Pero lo realmente inquietante de esta criatura es la lascivia que parece sentir por las hembras humanoides. Eso es evidente en la escena en la que Jabba hace proposiciones deshonestas a una de sus bailarinas. Las breves palabras que se cruzan están en el idioma natal del Hutt, así que no podemos entender exactamente que es lo que este le ordena a la infortunada dama. Pero el rostro desencajado de ésta y el hecho de que prefiera ser arrojada al pozo del Rancor sugieren que lo que Jabba tenía en mente tenía que ser francamente desagradable. Así mismo, la lujuria del señor del crimen de Tatooine también es patente en su conducta hacia la princesa Leia: Tras capturarla, la convierte en su juguete personal, la carga de cadenas -¿reminiscencias sadomasoquistas?-, la viste (por así decirlo) con un escaso bikini reminiscente de las películas de Conan, y en una escena que nos hizo estremecernos a todos de nauseas, le atiza un lengüetazo en la cara (No es de extrañar que la pobre Leia termine tan asqueada que, en un arrebato homicida, termine estrangulando a Jabba en uno de los momentos más hard de toda la trilogía). En todo caso, lo auténticamente morboso del personaje no es tanto su desenfrenado apetito sexual, como el hecho de que se sienta atraido por las hembras de una especie tan diferente a la suya que, en buena lógica, debería resultarle tan asquerosa como él a nosotros.

La abyecta naturaleza de Jabba el Hutt se ve acentuada además por la atmosfera de la que se hace rodear: Su tétrica guarida, con una iluminación tenue y oscura, repleta de criaturas a cual más siniestra, recuerda a la ambientación de una película de terror. Hasta su mascota Salacious Crumb ,con toda su apariencia de teleñeco risueño, resulta ser un sádico de cuidado que no vacila en arrancarle un ojo a C3PO. Es curioso como este ambiente de desorden, vicio y depravación se contrapone, como la otra cara de la moneda, con el rígido y envarado comportamiento militarista que se respira en el Imperio.

La catadura moral de Jabba esta a la par con sus vicios y el ambiente en el que se mueve: Arroja sin vacilar a la infortunada bailarina al pozo del Rancor, tortura a Han manteniendolo indefinidamente en su prisión de carbonita, organiza la ejecución de Luke y sus compañeros como si se tratara de un show ... Su maldad está fuera de toda duda. Y lo curioso es que, a pesar de la maldad y la repugnancia que respira por todos sus poros, hay que reconocer que, en honor a la verdad, Jabba posé cierto estilo, cierta arrogancia chulesca que consigue hacer que nos caiga simpático: Esto puede verse, sobre todo, en la escena en la que una disfrazada Leia le pone a Jabba una granada justo delante de sus narices. El Hutt no se arruga lo más mínimo, sino que sonríe de forma complice -"Valiente y creativo. El tipo de basura que me gusta"- y se pone a regatear con ella tranquilamente. Es esta personalidad de perdonavidas farruco , combinada con su serio problema de obesidad, la que la hacen digno merecedor del título de Jesús Gil de las Galaxias.

EL GRAN ALMIRANTE THRAWN: EL ESTRATEGA NATO

A lo mejor choca un poco que incluya, en un artículo sobre los villanos emblemáticos de Star Wars, a un personaje que no ha aparecido en las películas de la serie. Pero es que Thrawn, creado por Timothy Zahn para las novelas de la Trilogía de la Nueva República, contituye la más pelígrosa amenaza a la que nunca se hayan enfrentado Luke, Leia y compañia.

Pero vayamos por partes ¿Quién es el Gran Almirante Thrawn? Thrawn pertenecía a la élite militar del Imperio. De hecho, era uno de los oficiales de más alta graduación de la Armada Imperial. Algo particularmente meritorio considerando que Thrawn no era humano, a juzgar por su piel azul palida y sus penetrantes ojos rojos. Recordemos que la norma en el ejercito imperial era que la práctica totalidad de las tropas fueran de raza humana. Sin embargo, las extraordinarias capacidades tácticas de Thrawn le permitieron superar el prejuicio y ascender hasta las más altas cotas del escalafón, hasta alcanzar la graduación de Gran Almirante. Con todo, el Emperador se sentía incomodo de que uno de sus oficiales de mayor rango no se ciñera a sus particulares criterios raciales, y terminó destinandolo a los confines de la galaxia. Irónicamente, este prejuicio le salvó de perecer, junto con el resto de los Grandes Almirantes, durante la debacle de la Batalla de Endor. Tras años de esfuerzo, Thrawn conseguirá reunir a los restos dispersos de las fuerzas imperiales y se trazará un objetivo: Recuperar el terreno ganado por la Alianza Rebelde, ahora establecida como gobierno demócratico.

¿Pero puede realmente lo que queda de la armada imperial poner en peligro a la recién constituida Nueva República? Respuesta: Vaya si puede. El Almirante Thrawn resulta estar dotado de una extraordinaria inteligencia que le convierte en una especie de Hannibal Lecter galáctico (sin sus particulares caprichos gastronómicos, claro). Dotado de una impresionante intuición, consigue adelantarse una y otra vez a los movimientos de sus adversarios, ante la desesperación de nuestros heroes. Estudiando las obras de arte de una determinada raza alienigena, es capaz de determinar con precisión su psicología y preveer su comportamiento. Además, Thrawn es todo un genio militar, capaz de olerse una emboscada a parsecs de distancia o de sacarse de la manga una estratagema completamente inesperada. Para muestra, en La Ultima Orden, combinando un carguero dotado de un dispositivo de ocultación (que el autor parecer haberles cogido prestados a los klingons del universo trekker) con un cargamento de asteroides, logra dejar inutilizada a toda la flota estacionada en Coruscant, la capital de la Nueva República. Y si el Gran Almirante es capaz de conseguir estos resultados con una flota mermada y un ejercito relativamente pequeño, ¿que sucederá cuando consiga poner las manos encima de una antigua fábrica de soldados clónicos y localice toda una flota de naves pesadas y casi sin estrenar...?

Además, Thrawn no posee ninguna de las debilidades de los otros villanos que hemos visto. Si Jabba se deja llevar por sus apetitos sexuales y el Emperador por su presunción, Thrawn se gobierna con una fría lógica, y no se deja influir por sus emociones. No hay un rencor personal ante la República, tan solo son un obstaculo que hay que quitar de en medio. Su sangre fría en medio de una batalla es asombrosa. Pero si en un momento dado tiene que retirarse, lo hará, sin que su orgullo influya en lo más mínimo.

Por otra parte, Thrawn posee una habilidad para la dirección y las relaciones sociales mucho mayor que la de los demás villanos aquí tratados. Donde Vader usaba el expeditivo método de apretar gaznates a diestro y siniestro para garantizar la ciega obediencia de las tropas bajo su mando, Thrawn escucha a sus hombres, acepta sugerencias y su liderazgo no solo se basa en el miedo, sino también en un respeto ganado a pulso. (Naturalmente, eso no significa que no suela caer de vez en cuando en los tradicionales excesos imperiales: En cierta ocasión, el caza de Luke Skywalker consiguió evadirse in extremis del rayo tractor de un destructor imperial. El operador del rayo, un joven oficial, cometió el error de justificarse ante el Almirante culpando a su instructor de adiestramiento. Thrawn le hizo eliminar en el acto).

Cabe preguntarse a estas alturas como nuestros alelados heroes podrán terminar derrotando a un oponente tan inteligente, tan astuto, tan seguro de si mismo. La respuesta es simple: No pueden. O al menos no hubieran podido de no haber tenido al novelista de su lado. Timothy Zahn se ve obligado a hacer juegos malabares argumentales para evitar que Thrawn se haya cargado a Luke, Leia y cia antes de que termine el primer libro de la trilogía. De hecho, en el apresurado desenlace final, Zahn parece haber llegado a un callejón sin salida narrativo y se ve obligado a eliminar a Thrawn de forma totalmente arbitraria, casi accidental, para poder terminar la historia. Un ignominioso final para quien fue capaz, con un ejercito mermado y una armada inferior en potencia de fuego, de poner en jaque a las fuerzas de la Nueva República.

BOBA FETT: EL HOMBRE SIN ROSTRO.

sw_fett.jpg (16475 bytes)La verdad es que al escribir este artículo me sentía reacio a incluir en él a Boba Fett. Después de todo, se supone que estamos hablando de los grandes villanos de Star Wars. ¿Puede calificarse como tal a alguien que se deja liquidar por un Han Solo ciego? Sin embargo, algunos de mis ilustres compañeros de Hiperespacio parecían no compartir mi punto de vista, y me persuadieron amablemente de dedicar unas lineas a Fett (Vale chicos, ya podeis dejar de retorcerme el brazo).

Bromas aparte, la verdad es que este cazarrecompensas parece haber generado un gran entusiasmo entre algunos seguidores de Star Wars, llegando a generar clubs de fans. Prueba de su popularidad es que ha sido resucitado recientemente en los comics de Imperio Oscuro. Y la verdad es que si uno lo piensa friamente, es dificil explicarse la notoriedad que ha conseguido este personaje, máxime cuando solamente tiene tres lineas de diálogo en El Imperio..., y no llega a abrir la boca (suponiendo que la tenga) en El Retorno... donde es eliminado a la primera de cambio.

Desde luego, la caracterización de su personaje es bastante simple. Es el estereotípo de cazador de recompensas que se hace casi inevitable en un western galáctico como el de Star Wars. Eso si, se nos da a entender que Boba Fett posee una sangre fría a toda prueba. En El Imperio..., durante la escena en la que los imperiales se disponen a congelar a Han Solo, Fett no vacila un momento en quejarse ante el mismísimo Darth Vader ("Muerto no me sirve") sin arrugarse lo más mínimo. En esa misma escena, el propio Vader parece tratarle con unos modales inusuales en él, casi con respeto ("Si muere, el Imperio te compensará").

Tal vez esa deferencia de Vader hacia Fett tiene su origen en algún encuentro anterior. ¿Tal vez durante los años de las Guerras Clon? Puede ser. Muchas revistas, libros y juegos de rol dedicadas "oficialmente" a Star Wars coinciden en que el traje de combate de Boba Fett -un compendio de gadgets a medio camino entre el arsenal de Batman y la armadura de Iron Man- fue usada por un ejercito de soldados -los Mandalorian Shocktroopers- que se enfrentaron a los Caballeros Jedi durante las mencionadas Guerras Clon. Sin embargo, las referencias terminan ahí. No sabemos si Boba Fett perteneció a los shocktroopers o si se hizo con una de las armaduras de estos. Igual que ignoramos cual era el origen y las intenciones de los shocktroopers, o a que intereses servían. ¿Eran soldados clónicos u otro tipo de amenaza? Lucas parece querer guardarse de momento estos datos para sacarles jugo en la futura nueva trilogía. El caso es que mientras tanto, el pasado de Boba Fett continua envuelto en el misterio.

Un misterio que se ve subrayado por su aspecto. El rostro de Boba Fett permanece en todo momento oculto bajo su casco. En ningún momento se nos deja ver su rostro. La sensación de incertidumbre que crea es incluso mayor que la inspira Darth Vader. Al menos en la mascara de Vader se insinuan los rasgos de una cara. Sin embargo, el casco de Boba Fett carece por completo de facciones, tan solo tiene un dibujo en forma de T. La áspera y metálica voz de Fett tampoco nos permite hacernos una idea acerca del hombre bajo el casco: Igual podría ser su voz natural que un sonido enmascarado deliberadamente por medios electrónicos. Si lo pensamos detenidamente nos daremos cuenta de que no tenemos manera de saber si bajo la mascara de Fett hay un mon calamari o una señora despampanante.

Y creo que ese desconocimiento que rodea a Boba Fett es la clave para comprender el atractivo que presenta para muchos aficionados. Genera un aura de misterio que lo hace interesante. El personaje con pasado misterioso es un truco habitual en los comics (¿Verdad, Mr. Logan?). Pero sobre todo, hay tantas lagunas en su personalidad y en su origen, que permite al aficionado rellenarlas por si solo. Precisamente porque Boba Fett apenas está esbozado como personaje, anima a los fans usar su imaginación y añadir los detalles por ellos mismos. Probablemente haya tantas versiones de Boba Fett como fans del personaje. Para la parte más activa del fandom, esa que crea escenarios para jugar a rol o que escribe relatos basados en los personajes -lo que los americanos llaman fanfiction- , el cazarrecompensas es el personaje idoneo para dar rienda suelta a su fantasia. De esta forma, precisamente por su indefinición, Boba Fett se ha terminado convirtiendo en algo así como el personaje de culto de la saga de Star Wars.