Iniciar así un artículo es, en el ámbito de la civilización
occidental de fin de siglo, un desacato contra las tendencias del mundo, contra las
preguntas que uno se ha hecho y contra el sentido común. Expediente X plantea cuestiones
interesantes, indaga sobre temas tantas veces acallados por las autoridades. La verdad
está ahí fuera... La frase nos persigue, nos invita a reflexionar, y hace resurgir la
tan común frase de "eso es lo que ellos quieren que tú creas". Impresiona
pensar en las historias de la serie. Algunas están basadas o inspiradas -según ellos- en
hechos reales. En concreto, recuerdo la de dos mujeres unidas síquicamente: si golpeabas
a una, era la otra la que sangraba. Es el caso análogo al de "Sin Plumas", de
Woody Allen: el misterioso caso investigado por el doctor Twelge de "dos hermanos
situados en lugares opuestos del mundo, uno de los cuales tomó una ducha, mientras el
otro apareció limpio de repente".
Lo peor es que a casi todos nosotros nos fascina lo desconocido, la posibilidad de vida en Marte, o más lejos. Poder viajar en el tiempo, volar, mover objetos con la mera voluntad, leer la mente o vivir para siempre. Pero de ahí a que todo eso sea posible, a correprisa y que además no nos hayamos enterado porque nos lo ocultan. Bien, perdónenme, pero soy un torrente de escepticismo.
No solo eso. Expediente X se escribe siempre con letras gordas, se mira siempre con aspectos retrospectivos y se extrapola al mundo real, invitando a una reflexión profunda sobre las bases de nuestro hipotéticamente estrecho conocimiento sobre la naturaleza humana. ¿Es eso malo? En esencia, a nadie le viene de más pensar un rato, pero en cuanto a las directrices, ehem. Nunca nadie se plantea (o al menos no nos da la tabarra con ello) reinterpretar la realidad según los esquemas arquetípicos mostrados en Los Vigilantes de la Playa o El Príncipe de Bel Air. Ni siquiera con Doctor en Alaska, que sería mucho menos reprochable. Sin embargo sí hemos de ver como cualquier oportunista se considera cualificado para poner en duda cualquier principio científico a base de datos incompletos procedentes de investigaciones reservadas de las cuales apenas tiene un par de fotocopias. Siempre hay que pensar en explicaciones fuera de la lógica y no en otras dentro de ella. Pregúntenele a Uri Geller: durante años vivió de doblar cucharas con la mente, pero el día en el que se descubrió que lo hacía con la mano sorprendió a miles de ingenuos y crédulos que pensaban haber encontrado un telekinético a quien seguir.
Con todo, la serie tiene aún más chicha:una de las preguntas clave es, ¿por qué nunca he visto a Scully reírse? Me he perdido un montón de capítulos, vale, pero pregunté por ahí y nadie me pudo confirmar que su rostro de empollona haya dibujado jamás la más leve sonrisilla. ¿No será que ni siquiera soporta los guiones, como me pasa a mí? ¿ Y cómo es que sabe de todo? Su personaje es forense, pero sabe derecho, química, física, balística, tecnología aeroespacial, historia y hasta la edad de Marujita Díaz si hace falta ... Por no hablar del bueno de Mulder. Al principio del episodio, delante de un cadáver le da un ramalazo de "esto lo he visto en un caso de 1983 en Louisiana. John Anning sufrió un ataque de sus calcetines, que cobraron vida y lo asesinaron en justa protesta por no haber sido lavados en seis semanas", y Dana niega "¿estás diciendo que un montón de fibra sintética se imbuyó de fuerza kinética y voluntad, conviertiéndose en un ser vivo e inteligente? Eso es imposible" Y ya la hemos líado. Mulder sí muestra cinismo y tuerce de vez en cuando el gesto, pero tampoco hay que echar campanas al vuelo.
Tampoco tiene desperdicio el trasfondo policíaco-legal del asunto: se confunde un intento de asesinato con una incitación al suicidio, lo cual tiene semblanzas huevo-castañiles en un episodio al azar. Se entra en cualquier casa sin orden judicial y se interrumpen investigaciones deus ex machina. Todo para proteger intereses ocultos, todo casos que no se resuelven: oiga, si me preguntan a mí, yo no les pagaría a final de mes, jamás concluyen nada.
Así que me atacan los nervios. Y no solo ellos, sino las portadas de revistas y libros, que ponen X enormes y venden más. ¿ Por qué ? Yo mismo me lo pregunto una y mil y una veces, cómo soy tan ligero de carácter que cualquier chispa me crispa, que un rumor me cambia el humor... Pero es demasiado. La fiebre Expediente X me revuelve las tripas. Episodios con el esquema calcado, menos originalidad que una telecomedia, actores con caras de perpetuo tormento y, sobre todo, más que ninguna otra cosa, multitudes enfervorecidas, azuzadas por periódicos y revistas que piensan que a falta de pan, buenas son tortas, y ponen fotos descomunales de Mulder y Scully, y buscan algún freak que se haya empollado los episodios, se haya bajado cuatro ficherotes de Internet, les escribe ciento cincuenta líneas y arreglado. Ya está. Y luego Pepe Navarro, que entre transexual y marginado, te inserta un expediente x español... Y ni siquiera es cuestión de quejarse. Podía ser muchísimo peor. Fíjense: una estadística que leí hará un par de meses decía que, en USA, hay un 2% de la población que dice haber sido abducida (secuestrada por aliens). Y eso, en unos cincuenta o sesenta años. Antes, a nadie se le había ocurrido tamaña majadería. Haciendo cuentas, cerca de cinco millones de norteamericanos han tenido contactos alienígenas. Y digo yo, ¿ que querrían ? Porque, si nos ponemos a mirarlos uno a uno, cada cual es más patético que el anterior, así que el patetismo y la poca estabilidad mental deben ser atributos que mejoran la comunicación interplanetaria. Salen, siguiendo con las cuentas, a unos cien mil por año. O sea, que cada día, se llevan a unos 274 idiotas, que suelen devolver con religiosa certeza. ¿ No es espeluznante ? ¿ No se los podrían quedar ? Sigan, sigan viendo Expediente X, la verdad no es que esté ahí fuera, es que la están ustedes tirando.
Sergi Albir